OVNIs: ¿Un fenómeno real e innegable de nuestro pasado?

¿Como explicar la serie de testimonios, al parecer auténticos, que aquí se documentan?

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OVNIs: ¿Un fenómeno real e innegable de nuestro pasado?
tombud / Pixabay

OVNIs 1973 Mansfield, Ohio incidente OVNI de Pascagoula

EL 3 de octubre de 1973 un teniente alguacil y cuatro guardabosques del Servicio de  Parques de los Estados Unidos observaron con asombro evolucionar  sobre Tupelo (Misisipí) un objeto  con forma de plato, “poco más o  menos del tamaño de una casa de  dos habitaciones”, con faros giratorios rojos, verdes y amarillos.   Dos semanas después, a 80 kilómetros al sur de Cleveland (Ohio),  un helicóptero del Ejército norteamericano estuvo a punto de chocar  en el aire con un aparato metálico  de forma de cigarro, “exactamente  igual a esos increíbles dibujos de  OVNIS” (Objetos Voladores No  Identificados).

Según declaró el piloto, capitán Lawrence Coyne, se  vio precisado a descender rápida mente, y luego el aparato fue elevado por alguna fuerza misteriosa  600 metros hacia la nave no identificada.   Los casos mencionados son sólo  dos de cientos de informes sobre  OVNIS, al parecer auténticos, que atiborraron los tableros de conmutadores telefónicos de la policía y de las  agencias noticiosas de los Estados  Unidos en el otoño de 1973. Los norteamericanos eran presa de una  manía obsesiva de los OVNIS.

Platos voladores a la vista. Las  referencias a, objetos voladores desconocidos obtuvieron por primera vez gran publicidad en los Estados Unidos cuando Kenneth  Arnold, hombre de negocios que  volaba en su avión particular cerca  del monte Rainier, en el Estado de  Washington, vio el 24 de junio  de 1947 nueve objetos en forma de  discos que se desplazaban a gran  velocidad de una manera extraña,  “como lo haría un platillo que se  lanzara sobre la superficie del agua“.  Un periodista que entrevistó a Arnold acuñó el término “plato volador” y en el mes siguiente llegaron de todos los Estados norteamericanos informes de personas que decían  haber visto OVNIS.

Desde entonces se ha ido acumulando una extraordinaria cantidad  de testimonios, según los cuales sería evidente que unos objetos sólidos, metálicos, inexplicables para la  ciencia actual, violan nuestra atmósfera terrestre. Estos aparatos  desconocidos aparecen en las pantallas de radar y en fotografías, perturbaban las trasmisiones de radio y  televisión, detienen los motores de  los automóviles, infunden pánico  a los animales y producen extraños  efectos fisiológicos en testigos próximos (incluso quemaduras de sol parálisis temporal y leve malestar  de origen radiactivo).

Si “aterrizan dejan el follaje quemado tras  despegar, provocan insólitos cambios  químicos en el suelo y círculos chamuscados con huellas de trípodes  en los campos de labranza”. El psicólogo David Saunders, de la Universidad de Colorado, ha compilado y  clasificado en computadora cerca de  60.000 informes de testigos.

En su mayoría, estos testimonios  no proceden al parecer de individuos desequilibrados ni de entusiastas crédulos, sino de personas  que no tenían absolutamente ningún interés por los platos voladores  hasta que vieron uno. Son gente  sensata, de buena reputación, cuya declaración sobre cualquier otro  asunto se aceptaría sin vacilaciones.

Como dijo el mayor general John  Sarnford, ex director del servicio  secreto de la Secretaría de Defensa  de los Estados Unidos: “Se han recibido informes de observadores fidedignos sobre fenómenos relativamente increíbles“.  Los testigos comienzan casi siempre suponiendo que ven objetos  familiares: las luces intermitentes  de una ambulancia o de un avión  que vuela a poca altura. Sólo cuando ven que “eso” se ha detenido en  el aire, que cambia de color y carece de alas, advierten que jamás han  visto algo semejante. Por ejemplo,  cuando Coyne lanzó su helicóptero  en picado creyó que volaba hacia  él en el cielo nocturno un caza de  retropropulsión. “Pero aceptando  que fuese un reactor me confesó  “después, “las luces iban invertidas  respecto al sistema internacional de  luces de situación de naves, y volaba en un plano oblicuo en relación  con el nuestro”.

Poco después de la aventura de  Coyne, el senador Barry Goldwater,  general de la reserva de la Fuerza  Aérea, declaró a la prensa: “Nunca  he visto un OVNI, pero cuando los  pilotos del Ejército, de la Marina o de la aviación civil me aseguran  haberse cruzado con algo que no  era un avión, tengo que creerles“.  “Seres de piel gris“.

La serie de  informes relativos a los OVNIS comenzó la noche del 30 de agosto de  1973; entonces los habitantes de 22  pueblos del Estado de Georgia afirmaron haberlos visto. A principios  de octubre me encontraba en Nueva  York, preparando un documental  de televisión sobre los OVNIS para la  compañía National Broadcasting.

Mi escritorio estaba atestado de recortes de periódicos y telegramas, y  en la pared un gran mapa de los  Estados Unidos se erizaba de alfileres de colores a medida que marcábamos el lugar de las sucesivas  apariciones.  Nuestro principal asesor en ese  documental era J. Allen Hynek,  presidente de la junta del Departamento de Astronomía de la Universidad Northwester y director del  Centro de Investigaciones Astronómicas de Lindheimer.

Hynek, que  durante 17 años fue consejero de la  Fuerza Aérea para asuntos de OVNIS  y es una de las más distinguidas  autoridades científicas norteamericanas en esa materia, acababa de  llegar a Nueva York cuando los teletipos de la United Press International trasmitieron el siguiente  mensaje:  PASCAGOULA, MISISIPÍ: Dos OBREROS  DE UN ASTILLERO QUE PRETENDEN HA­ BER SIDO IZADOS A BORDO DE UN OVNI,  FUERON TRASLADADOS A UN HOSPITAL  MILITAR EL VIERNES PASADO PARA COM­ PROBAR SI HABÍAN SUFRIDO RADIACIÓN.

Charles Hickson, de 45 años y  Calvin Parker, de 19, relataron que  al anochecer del jueves 11 de octubre, mientras pescaban en el río  pascagoula, una extraña aeronave  que emitía una luz azulosa descendió y se detuvo a unos 10 metros de  ellos, pero sin tocar el suelo. Al ver  salir del vehículo tres seres de piel  gris, Parker se desmayó.

Pero Hickson declaró luego que lo habían inmovilizado. Lo “llevaron a bordo de  la nave” y lo examinaron de pies a  cabeza con algo que parecía una  enorme célula fotoeléctrica.  El sábado por la mañana viajaba  yo en un avión rumbo a Misisipí  en compañía de Hynek. Ambos  nos dirigimos inmediatamente hacia  Pascagoula, donde se encuentra el  astillero de F. B. Walker e hijos,  que empleaba a Hickson y a  Parker. Hynek se reunió con James  Harder, profesor de ingeniería civil de la Universidad de California  y consejero de la Organización Investigadora de Fenómenos Aéreos,  quien había llegado en avión esa  mañana.  Hacía ya 44 horas que Hickson y  Parker habían declarado que los  llevaron “flotando” hasta el OVNI.  – ¿Cree usted esa historia? – pregunté al alguacil Fred Diamond.

Lo primero que pidieron fue  que les hicieran una prueba con el  detector de mentiras -repuso, y me  miró fijamente-. Charles estaba  muy alterado. Un hombre de 45  años no llora, a no ser que le haya  ocurrido algo grave. En cuanto a  Calvin, oí rezar al muchacho cuando creía que nadie le escuchaba.  ¡Por supuesto que estaban aterrorizados!  ¿Sin razón para dudar? Diamond  me presentó con el detective Toro  Huntley quien recalcó la profunda  emoción que había sentido al oír  una cinta magnetofónica grabada  en la oficina del alguacil unas cuantas horas después del encuentro de  los dos testigos con el OVNI. Mientras Harder trataba de comprobar  la aventura de ambos mediante la  evocación hipnótica, acompañé a  Huntley a su oficina para escuchar  la cinta.  Percibí la tensión en la voz de  Hickson mientras relataba su extraordinaria aventura. Luego dejaron  solos a los dos, sin decirles que el  magnetófono seguía funcionando.  Al oírlos resultaba imposible no  creer que algo espantoso les había  ocurrido.

He aquí la transcripción de  ese diálogo: PARKER: Tengo que ir a casa y  acostarme, o llamar al médico…  HICKSON: Jamás había visto algo  semejante. No puedo creerlo, y nadie nos va a creer.  PARKER (levantando la voz): Se  me helaron los brazos y no podía  moverme. Como si hubiera pisado  una víbora de cascabel.  HICKSON: Lo sé, hijo, lo sé perfectamente.  Luego Hickson salió de la habitación y Parker se quedó solo. “Es difícil de creer    murmuró. [Dios  mío! Es terrible]! Sé que hay  un Dios allá arriba “Comenzó  a orar, pero en la cinta no se oye  su plegaria.  Más tarde, terminada la sesión de  hipnotismo, vi a Hickson ya Parker.

Ambos parecían estar a punto de  desmayarse.  –Pienso en lo que habría ocurrido si nos hubieran llevado comentó Hickson con voz quebrada  de emoción-. Ustedes habrían dragado el río, y nos habrían olvidado  –movió la cabeza lentamente-. Yo  he pasado noches en el campo de  batalla peleando contra norcoreanos  y chinos, y sé lo que es el miedo.  Serví en Corea durante 20 meses y  16 días. Pero jamás vi en el rostro  de un hombre el terror que reflejaba el de Calvin.

Cuando entramos en la repleta  sala de conferencias, un funcionario  de la compañía me dijo: Estos hombres son campesinos. Ninguno de ellos tiene suficiente  imaginación para inventar patrañas, ni bastante astucia para tratar  de engañarnos. Hynek inició la rueda de prensa  con estas palabras: “No me cabe la  menor duda de que estos hombres  han vivido una experiencia muy  real y espeluznante“.  Luego Harder hizo la afirmación  más audaz que he oído nunca a un  científico: “La aventura que tuvieron fue  ciertamente muy real. Es casi imposible fingir un fuerte sentimiento  de terror en trance hipnótico. Yo  he llegado a la conclusión de que  nos encontramos ante un fenómeno extraterrestre. Lo puedo afirmar  porque no encuentro razón para  dudarlo“.  El O de octubre sometieron a  Hickson a una prueba con el aparato detector de mentiras. Scott  Glasgow, que manejó el polígrafo  concluyó: “Hickson decía la verdad al declarar: 1) que cree haber  visto un vehículo espacial; 2) que  lo llevaron a bordo de éste y 3)  que cree haber visto tres seres espaciales”.

Puede haber, por supuesto, una  explicación d este incidente que  no tenga nada que ver con seres extraterrestres. Sin embargo, tras estudiar detenidamente el caso, mi  escepticismo inicial ante el extraño  relato de estos dos hombres recibió  una fuerte sacudida.  Observaciones frecuentes en todo  el inundo. Según la última encuesta  de Gallup en torno a los OVNIS, 15  millones de norteamericanos dicen  haber visto alguno, y 51 % de la población adulta cree que  existen. Si bien un gran porcentaje  de los testimonios se puede atribuir  a confusiones con objetos conocidos  queda un número importa te sin  explicación admisible.

Es decir, hubo apariciones que no eran aviones,  ni menos bandadas de gansos  migratorios, ni globos meteorológicos, ni Venus, ni aerolitos, ni emanaciones de los pantanos, intervenciones térmicas en la atmósfera, ni  alucinaciones colectivas, ni bolsas de  plástico iluminadas con velas.  Hynek ha reunido (en los Estados Unidos solamente) 1474 informes auténticos sobre OVNIS, proporcionados en 1973. Y según James  McDonald, que en vida fue físico  principal del Instituto de Física Atmosférica y profesor de la Universidad de Arizona, estos informes  son poco más o menos iguales en  todo el mundo.  Mientras los funcionarios de la  mayoría de los países (probablemente por seguir el ejemplo de los  Estados Unidos) tratan de hacer  creer que los OVNIS son fenómenos  naturales, los franceses han reconocido abiertamente su realidad.

La Gendarmerie Nationale (Guardia  Nacional) tiene un registro de cada  uno de los testimonios relativos a  OVNIs, que luego comunica a las autoridades regionales. En Rusia, Felix Ziegel, del Instituto de Aviación  de Moscú, declaró en 1967, en una  conferencia sobre las “civilizaciones  del espacio“: “Poseemos informes  bien documentados procedentes de  todos 10 confines de la Unión Soviética”. Es difícil creer que esas apariciones sean todas ilusiones ópticas.

Las ilusiones no quedan registradas  con claridad en placas fotográficas  ni en la pantalla del radar”.  Una opinión contraria es la del  finado Edward Condon, que fue  catedrático de física de la Universidad de Colorado y director del estudio sobre OVNIS patrocinado por la Fuerza Aérea norteamericana y  consignado en el Informe Condon,  Basándose sobre todo en las conclusiones de su comisión (“Probablemente no se justificaría seguir estudiando extensamente los OVNIS con  la esperanza de que progrese la  ciencia en virtud de ese estudio“)  la Fuerza Aérea norteamericana  interrumpió en 1969 su investigación de este asunto. Condon me  dijo un día: “Los OVNIS son un callejón sin salida; una pérdida de  tiempo, Dios sabe cuántas veces un  informe auténtico de la presencia  de un OVNI ha resultado corresponder a una aparición del planeta Venus”.

En mi opinión, todas las apariciones sin explicación se pueden  atribuir a deficiencias de observación. Acepto que haya ciertos fenómenos incomprensibles, pero recordemos que algunas personas todavía  creen en los duendes”. .  “Después del Informe Candan “declara Hynek, “los sabios dieron a  los OVNIS un entierro decente, pero  estos muertos salieron de su sepultura“. En cuanto a él, no ha abandonado nunca su serena investigación,  y fundó un Centro de Estudios de  OVNIS en Northfield (IlIinois).

Ha  comunicado a funcionarios encargados de hacer cumplir las leyes, y  a oficinas gubernamentales y comerciales, un número telefónico gratuito para que le tengan al corriente  de cualquier novedad.  Qué son los OVNIS y de dónde vienen, es todavía objeto de especulación, pero cada vez resulta más  difícil no tenerlos en cuenta. Ha  habido demasiados informes precisos y detallados de agentes de la policía, de peritos en radar y de pilotos  profesionales, todos ellos adiestrados  para observar con precisión.

Según  el astronauta Gordon Cooper, “la  gente ha divisado platos voladores  a simple vista, y en muchos casos el  radar comprobó tales observaciones;  es ridículo decir que son completamente irreales“.  Desde los días de Copérnico el  hombre ha aprendido, no sin pena,  que no es el centro de la creación.  En realidad bien podríamos encontrarnos ahora en una región olvidada del espacio. La mayoría de los  astrónomos están acordes en que  nuestro Sol es de edad madura comparado con algunas estrellas de la  segunda y la tercera generación, y  en que muchos lugares de la galaxia pueden albergar seres cuya ciencia y tecnología estén mucho más  adelantadas que las nuestras. ¿Por  qué no podrían esos “seres” poseer  medios de trasporte junto a los cuales nuestros vehículos espaciales parezcan tan primitivos como la carreta de bueyes?

ERICH VON DANIKEN, el conocido escritor y arqueólogo aficionado que durante años ha provocado acalorados debates en todo el mundo con sus populares libros (Oro de los dioses, Las carrozas de los dioses, Retorno a las estrellas),  dio al READER’S DIGEST una explicación de la actual boga de los OVNIS tan inusitada como digna de tomar en cuenta: Las tripulaciones de los OVNIS tienen “apariencia humana según descripción  “constante de los terrícolas que se han topado con ellas. Y son muy grandes,  ciertamente, las probabilidades estadísticas de que haya razas humanoides en  nuestra galaxia. Algún día, cuando la humanidad recorra el espacio, buscará  también los lugares que más se parezcan a su planeta de origen.  Ser inteligente significa “multiplicar el conocimiento”. Sostengo que todas  las formas inteligentes de vida que hayan alcanzado el nivel tecnológico de los  viajes por el espacio interestelar, en efecto realizan esos viajes. Extender el conocimiento más allá de los límites del planeta propio es una ley de la inteligencia. Ahora bien, viajar por el espacio interestelar no es algo que se pueda hacer  “de paso     por así decirlo (en cohetes de combustible líquido por ejemplo).  “Las enormes distancias que separan a las estrellas sólo se pueden recorrer a velocidades rapidísimas. En cuanto una nave espacial alcance una velocidad cercana a la de la luz, se producirán variaciones entre el tiempo de la base de partida  y el de la tripulación del cohete. Esta “dilatación del tiempo como se le llama en la jerga técnica, puede producir diferencias relativas de miles o cientos de  miles de años entre la base y los tripulantes del cohete. La inteligencia que recorre el espacio se encuentra así ante un conflicto: ¿Cómo podría aumentarse  el conocimiento si, al fin de la jornada espacial, no queda nadie vivo en el  planeta de origen para explotar los resultados de la expedición? Sólo cabe una  respuesta: ¡Hay que establecer avanzadas! Durante su viaje por el espacio, los  seres procedentes de otra estrella se ven forzados a buscar continuamente nuevos sistemas solares y planetas que sean semejantes a su propio mundo natal.  Después habrá que forjar los seres vivos “a su imagen y semejanza” (lo cual  no se hará por arte de magia, considerando los actuales conocimientos de la  genética). Como consecuencia de esas “avanzadas van apareciendo en el espacio”, y en el tiempo varios grupos con la misma inteligencia y capaces de “multiplicar el conocimiento”.  Conclusión: las antiguas religiones y mitologías de este mundo sostienen que  los dioses crearon a la humanidad “a su imagen y semejanza”. En este sentido, los tripulantes de los OVNIS son hermanos nuestros, pertenecientes al mismo  grupo inteligente.  No es simple coincidencia que busquen nuestro planeta: en alguna parte hay  archivos exactos de los sistemas solares en que ha sido creada la inteligencia “a  su imagen y semejanza”.  –Erich von Diinikcn