Los indicios más sospechosos de vida extraterrestre en el planeta marte

El propósito del presente articulo es el desarrollo de temas específicos vinculados con la vida extraterrestre. Se busca ante todo, la utilización de un procedimiento riguroso, objetivo y ameno que pueda resultar de interés tanto para entendidos como legos.

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La proverbial polémica que siempre han suscitado las cuestiones alienígenas, suele ser obstáculo para lograr un criterio homogéneo entre los lectores; no obstante, esta obra no pretende eso.

Las páginas aquí vertidas no son de naturaleza teórica o académica, ni conforman un frívolo panfleto en búsqueda de sensacionalismo. Cada capítulo tiene una base documental seria y el contenido se sustenta en nociones formales y respetables.

Además de aportar ideas propias, este compendio pretende amalgamar y a veces contraponer, puntos de vista de eruditos de probada solvencia intelectual en el campo del tema alienígena, así como de lo insólito, lo extraordinario y aquello que no cuenta con una explicación satisfactoria hoy en día.

Se exponen puntos de vista con diferentes perspectivas sobre un mismo tópico, para lograr la diversidad que se requiere cuando se trata de asuntos en los cuales no se ha llegado a un consenso.

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, y de mil maneras tratamos de entender los fenómenos que nos parecen inauditos. Las tesis que se han pormenorizado en torno a los extraterrestres, son prueba de que se dista mucho de una hipótesis en la cual depositar toda la certidumbre que las personas exigen.

Antes, ocurre lo contrario. De cara a ese deseo de hallarle una razón a todo lo que nos circunda, surgen propuestas que a menudo son antagonistas.

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Lo que es un hecho, es que como habitantes de esta vastedad del espacio, intentamos conocer cuál es nuestro auténtico lugar en él. Queremos saber si estamos solos o tenemos vecinos. Y si hay criaturas aledañas tenemos el afán de ponernos en contacto con ellas.

Cabe preguntarse, ¿por qué algunas personas se valen tan sólo del cálculo de probabilidades y la estadística para asegurar que existe vida en otros rincones del universo?

Para ellos es impensable que entre billones de astros y galaxias, no exista uno con características similares a nuestro planeta que resulte propicio para albergar a otros seres u organismos. Según sus consideraciones, es ilógico creer que somos los solitarios privilegiados que han heredado el firmamento, los moradores exclusivos de la creación.

Por otra parte, ¿por qué habría de requerirse que dichos seres tengan condiciones en su entorno iguales a las de la Tierra para subsistir?

Asimismo, hay científicos y gente docta quienes por medio de las más complejas ecuaciones y análisis, afirman de manera enfática que somos los únicos en medio de la inmensidad del cosmos.

Para estos eruditos, la existencia de civilizaciones con tecnología capaz de acercarse a nosotros, es una especulación sin fundamento, una fantasía producto de sospechas abstractas. Ellos confían en que la física y las matemáticas tienen respuesta para todo, siempre y cuando se sepa interpretar la solución que se obtiene después de ciertos cálculos y según las reglas de cada materia. Su filosofía íntima sobre la vida en otro orbe se expresa a través de signos y números.

Tenemos también a aquellos que sacan conclusiones a partir de sus experiencias personales. ¿Será posible que tantos miles de personas mientan o sufran alucinaciones cuando afirman que avistaron un ovni, presenciaron un fenómeno atípico en el cielo o vieron a un ser venido del espacio? El sentido común dice que no, pero el escepticismo también tiene voz y voto.

Si el lector se siente confundido o extraviado ante tal disparidad de apreciaciones, no debe preocuparse, está en buena compañía. A multitud de hombres de ciencia, místicos y público en general les ocurre lo mismo.

Así se ha dispuesto el contenido de este articulo, con posturas que a veces se refutan, otras se complementan y en ocasiones coinciden. Siempre con miras a detallar los planteamientos más relevantes de cada tema.

Se ha conformado esta ejemplar con el fin de que sirva como punto de partida para el intercambio fructífero de juicios y estimule ─creencias aparte─ la búsqueda de la verdad.

En suma, lo que aquí se ofrece, no son sabihondas disertaciones sino la oportunidad de emprender la lectura de material fidedigno no contaminado por prejuicios, y que trata sobre una de las interrogantes más sugerentes de hoy y siempre, la cual, con sólo pensarla nos sumerge en la perplejidad:

¿Somos una humanidad aislada en medio de la infinitud?

I.- Las evidencias de vida en Marte

(pasado y presente)

 Había pruebas abrumadoras

en contra de la vida inteligente

 en cualquier otra parte del Sistema Solar…

O simplemente de vida de cualquier clase

 excepto en la Tierra y en Marte.

Arthur C.Clark

De todos los planetas de la familia del Sol, ninguno ha recibido tanta atención ni ha sido tan estudiado como Marte. ¿La razón? Las semejanzas existentes entre ambos planetas. Tienen períodos de rotación muy parecidos que exceden un poco las 24 horas, la inclinación de su eje es bastante similar, alrededor de los 23°. La velocidad con que se desplazan en el espacio también es equiparable, 27 km/seg, aunque no hay que olvidar que los planetas disminuyen o incrementan su aceleración según se acerquen o alejen del Sol.

Pero hay más motivos que justifican nuestro interés por Marte. Y el que hay que citar con mucho énfasis y entusiasmo es: la Vida.

En años recientes, y gracias a los avances tecnológicos y el renovado interés por explorar el ámbito marciano, la presencia de vida allí ha dejado de ser una especulación para convertirse en una certidumbre concluyente. Con las demostraciones más actuales pronto se convertirá en axiomática.

Ya no es posible desacreditar o descalificar a nadie que con hechos y datos asegura que en Marte hubo y hay todavía algún tipo de vida. Si en la actualidad sus condiciones son un poco hostiles para la sobrevivencia, no quiere decir que lo hayan sido en el pasado remoto o cercano. La ciencia considera que para la considerar que existe “algo orgánico” en cualquier sitio del universo, debe haber rastros de por lo menos dos elementos: carbono e hidrógeno, y de ambos hay cantidades suficientes en Marte.

Marte es un planeta muy cercano a la Tierra con tan sólo 56 millones de km de distancia en promedio, aunque varía según la posición orbital de cada uno. Tal longitud dentro del Sistema Solar, no es como para abrir los ojos en forma desmesurada en señal de asombro; lo cierto es que es muy poco.

De esto se desprende la conclusión de que el viaje para trasladarse a la Tierra, emprendido por antiguas civilizaciones marcianas debió ser muy breve.

Si tomamos en cuenta que los objetos espaciales enviados al planeta rojo, pueden llegar en menos de un año (200 días poco más o menos); se puede afirmar en forma alegórica, que nuestro vecino se encuentra “a la vuelta de la esquina” en términos astronómicos.

Ahora bien, cabe preguntarse: dichas criaturas marcianas ¿fueron o son más inteligentes que nosotros? No hay duda que varios millones de años de evolución antes que nosotros comportan cierta ventaja. No sólo en el aspecto tecnológico sino también en cuanto a recursos o destrezas intelectuales. Y aunque es una absoluta falsedad que sólo empleamos el 10% de nuestro cerebro, no hay que olvidar que nuestras neuronas son moldeables y cuentan con el potencial casi ilimitado para aprender y desarrollar habilidades como telepatía, análisis científicos muy avanzados y memoria absoluta.

Investigadores de la NASA con prestigio, han dado ruedas de prensa haciendo revelaciones que nos hablan de civilizaciones previas a la nuestra que radicaron en Marte, y que por razones diversas ahora se dedican a una existencia errabunda por el universo.

Se ha llegado a aseverar que culturas marcianas con gran nivel de desarrollo fueron masacradas hasta el grado de exterminio por otras civilizaciones extraterrestres. Muy pocas especies sobrevivieron y desde entonces se dedicaron a una suerte de consejería o tutelaje para con sociedades de menos progreso como la nuestra.

Otros hombres de ciencia de la NASA y expertos en fósiles prehistóricos, afirman de modo categórico muchas de las imágenes que han registrado los robots enviados a Marte en las más recientes expediciones, muestran sin lugar a dudas fósiles muy semejantes a los de la Tierra con millones de años de antigüedad.

Asimismo se han hallado restos fósiles de mayor envergadura que permiten aseverar que en Marte también existió una Época de Oro de dinosaurios marcianos, cuya suerte fue muy parecida a la de los terrestres: un fenómeno astronómico o climático los llevó al extinción más abrumadora y total.

Evidencias captadas por el Rover Curiosity de la @NASA

Todas esas características de Marte y otras más, lo han convertido en blanco de nuestra predilección. Agreguemos, por ejemplo, que el paisaje actual del suelo marciano no está nada alejado de los desiertos terrestres, con su desolación y quietud. Los casquetes polares de ambos planetas también guardan una gran afinidad.

No es extraño entonces, que con tales similitudes

Pero aún hay otro móvil de singular atractivo que aviva nuestro apego por Marte: Si el día de mañana nuestro planeta llegara a resultar inhabitable por cualquier circunstancia, el candidato perfecto para mudarse es el orbe marciano.

Pruebas de vida extraterrestre en Marte, tanto en el pasado como en el presente, abundan casi en frente de nuestros ojos. Ufólogos y hombres de ciencia han descubierto la presencia de bases espaciales en el planeta rojo. Por las características de las imágenes que han enviado las diversas misiones espaciales, puede inferirse que las naves marcianas han sido y son de configuración circular.

El análisis detallado de las capturas de pantalla de las sondas muestra evidencia de objetos y formaciones en la superficie que no son de origen “natural”. Los registros que se han obtenido son genuinos y no hay señal alguna de adulteración o “trucos” en ellos.

¿Anomalías extraterrestres en Marte?

Ante las presiones de la opinión pública, los investigadores de la NASA han tenido que admitir la existencia de seres extraños, especies que se han desarrollado fuera del ámbito de nuestro planeta. La polémica se ha agudizado y todo indica que en breve se harán declaraciones en el sentido de ratificar, con sustento físico y científico incuestionable, la presencia de vida en Marte.

Es ya incuestionable que Marte albergó vida en un pasado muy remoto. Los restos al parecer de microorganismos fosilizados nos animan a confirmarlo. El que nuestros eruditos no lleguen a un consenso no debe preocuparnos. Si ello llegase a ocurrir, quiere decir que algo no anda bien dentro del gremio, ya que el acuerdo unánime nunca ha sido una de sus virtudes.

La comunidad científica acoge siempre con escepticismo cualquier insinuación que se ha hecho o hace en torno a la vida marciana, pero cada vez surgen más justificaciones que la verifican: hay vida en nuestro planeta vecino.

Aunque los investigadores y hombres de ciencia suelen emplear el término “teoría” con demasiada ligereza, con el fin de designar aquello que no es más que una ocurrencia o especulación, la hipótesis más difundida es que la Tierra y Marte surgieron en forma conjunta hace unos 4,500 millones de años.

Tengamos en cuenta que nuestro compañero de vueltas alrededor del sol, es casi la mitad de la Tierra en lo que a tamaño se refiere, o por ponerlo en un contexto más fácil de entender, la extensión territorial de los cinco continentes terrestres equivale al área total marciana.

Marte estaba cubierto por océanos en una tercera parte de su superficie. Se cree que el agua se evaporó a causa de la atmósfera que fue perdiendo en forma paulatina, y que hoy resulta muy tenue. Desde luego, ello requirió una etapa bastante larga de millones de años, tiempo suficiente para el desarrollo de la vida.

Se debe insistir en ello: la ciencia busca un entorno planetario que sea algo así como un clon de nuestro mundo para considerar así la posibilidad de que haya vida. De otra manera, cualquier ambiente que no concuerde con nuestras características queda descartado.

Los expertos parecen olvidar que en nuestro globo existe la fauna abisal, pletórica de especies que subsisten a muy altas presiones atmosféricas (insoportables para los humanos), bajas temperaturas y sin luz solar.

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A esto hay que agregar que se han descubierto gran cantidad de animales multicelulares marinos, que viven en ambientes venenosos rodeados de sulfuro y sin el menor rastro de oxígeno.

¿Por qué entonces esa obstinación por buscar vida sólo en rincones del universo parecidos al nuestro? ¿Por qué ir en pos de organismos vivientes que precisen, si no condiciones idénticas, al menos análogas a las nuestras para existir?

Marte ha sido desde hace décadas un astro favorito para adjudicarle la procedencia de seres extraños. Durante el siglo XX, a partir de los años cincuenta, su popularidad era tanta gracias a las películas hollywoodescas de ciencia ficción, que el término “marciano” llegó a emplearse para designar a todo lo que era ajeno a nuestro planeta. Lo extraño e inusual era marciano. Ser llamado marciano a veces era un halago y otras era una injuria. Seres de otro planeta eran marcianos sin importar su origen real. Un peinado, un vestido, una conducta, un automóvil eran marcianos si tenían cualidades o rasgos exóticos. Lo marciano estaba de moda.

Hoy las cosas son distintas, gracias al empeño y seriedad de la ciencia acerca de sus investigaciones en torno al planeta rojo. Como ya se ha explicado y es del dominio público, se han enviado sondas espaciales que después de amartizar, han sido capaces de enviar imágenes de una nitidez extraordinaria.

Sin embargo, es justo recalcar lo siguiente: Marte ha sido fuente de mitos, invenciones, fábulas e historias estrambóticas del todo falsas, provenientes principalmente de la prensa y gente sin escrúpulos. Pero también hay que referir que los científicos de la Nasa a veces cayeron y hoy también caen en el descrédito informativo, al ocultar ciertos hallazgos que para el mundo son importantes. La norma de ellos parece ser: “No hay que revelar nada vinculado con nuestras exploraciones que pueda ser inquietante para la opinión pública”.

Lo que pareciera una gran dosis de cautela se transforma en prosaico escamoteo. Aquello que en un momento surgió como fruto de un momento de optimismo, al instante se torna desengaño.

De esta guisa:

 Se descubrieron vestigios con presencia de agua en el planeta X, por desgracia su alto grado de acidez la descalifica para albergar materia orgánica.

Así, una y otra vez se repite este estilo de declaraciones a los distintos medios de comunicación. Lo que resulta paradójico es que son los mismos científicos quienes pugnan por realizar, no sólo expediciones tripuladas a Marte, sino que tienen en la mira el establecimiento de colonias habitadas por terrícolas comunes y corrientes.

El binomio Egipto – Marte

Como es del dominio general, a través de muchas décadas la idea de que seres de otro planeta arribaron a nuestro territorio hace miles e incluso millones de años, ha rondado las mentes de grandes pensadores, guías espirituales, ufólogos y hombres de ciencia; en particular, se ha debatido una y otra vez sobre la posibilidad de que extraterrestres hayan visitado el Antiguo Egipto.

Pese a las más variadas conjeturas en torno al grado de avance tecnológico real de la civilización egipcia, aún hay muchas interrogantes referentes a su excepcional nivel de desarrollo prácticamente en todos los campos. Hoy les disputan a los sumerios ─con sus signos cuneiformes─ la invención de lo que se presume es el primer sistema de escritura (con equivalencia fonética, por si fuera poco).

Pero el mayor prodigio atribuible a esta gran cultura, sigue siendo la edificación de las pirámides. Portento y enigma, porque no obstante todas las explicaciones dadas hasta ahora, expuestas como si fueran hechos verdaderos e inobjetables, no satisfacen del todo. Por lo menos a una buena parte de los habitantes de la Tierra.

Pregunta importante: ¿recibieron algún tipo de ayuda los egipcios por parte de habitantes de Marte para erigir sus colosales pirámides?

Aquí es permisible deslindar dos tipos de ayuda extraterrestre:

  1. a) Los marcianos participaron en forma directa en la construcción, realizando cierto tipo de actividades que aminoraron el esfuerzo físico de los egipcios y requirieron contingentes de personas menos numerosos para edificar tales majestuosidades.

¿Acaso los marcianos fueron capaces de hacer levitar tales bloques de piedra caliza con semejante tonelaje?

¿Pudiera pensarse que habían logrado tal avance en sus métodos que contaban con algún mecanismo sónico para mover tantas piedras y de tanto peso? ¿Con tanta exactitud?

  1. b) Los marcianos sólo fungieron como asesores y se limitaron a dar instrucciones en los aspectos técnico y arquitectónico para dar a las pirámides una precisión milimétrica.

Cualquiera que haya sido el tipo de asistencia brindada por los marcianos, es menester concluir lo siguiente: eran grandes matemáticos, excelente geómetras, magníficos ingenieros y excepcionales arquitectos. Todo en grado superlativo.

Tal vez los habitantes procedentes de Marte deseaban una réplica de las construcciones que habían dejado o que fueron destruidas por ataques de otras civilizaciones del universo.

Mientras los especialistas se empeñan en dar sus versiones acerca del método de levantamiento de las pirámides, el resto del mundo opta por pensar que tan magna obra no pudo llevarse a cabo sin cooperación; y que esa ayuda no fue de este planeta.

A primera instancia la sola idea parece descabellada, pero bien puede argüirse que no es menos inverosímil la noción de que los egipcios erigieron semejantes monumentos colosales, sin ningún tipo de guía, asistencia o por lo menos, un mínimo de sugerencias provenientes de seres con mayores conocimientos o destreza en tales menesteres. Lo que hoy suele denominarse en forma un tanto pomposa y libre, “asesoría”.

Las preguntas que se hace la gente que no es experta en construcción, albañilería o arquitectura son:

° ¿Cómo se llevó a cabo el traslado de más de dos millones de bloques hechos con piedra caliza y  pesando varias toneladas?

° ¿Cuál fue el procedimiento para subir semejantes moles hasta la cima de la obra?

° ¿De qué manera calcularon con precisión milimétrica las dimensiones de cada pirámide más alta?

° ¿Cómo lograron ese nivel de organización para trabajar en forma tan coordinada, como seguramente lo hicieron?

° ¿Por qué escogieron la figura geométrica piramidal para honrar la muerte de sus faraones? ¿Se las propuso alguien más? ¿La vieron en otra parte?

° ¿Cuántas personas fueron necesarias para trabajar en dicha estructura?

Sin desear caer en burdas especulaciones, pero también amparados tras la legítima y humana inquietud de querer saber algo más, uno se formula las preguntas anteriores y otras tantas que surgen de modo casi espontáneo.

Si la respuesta a cada uno de los cuestionamientos, es que los egipcios levantaron la Gran Pirámide solos, la conclusión se convierte casi en una blasfemia para algunos desprevenidos: Los egipcios eran más capaces que los arquitectos de hoy en día, con todo y sus más sofisticados artilugios tecnológicos.

No es que se pretenda menoscabar la habilidad egipcia para la edificación, pero se debe admitir que hay cosas titánicas que se llevaron a cabo, las cuales es difícil de visualizar sin la ayuda de una civilización superior, por lo menos en el aspecto tecnológico.

Ahora bien, ¿por qué tendría que vincularse a Marte con las pirámides de Egipto? La respuesta es que, conforme se han intensificado las investigaciones alrededor del mundo marciano, se han registrado muchas imágenes que muestran el suelo del planeta rojo en la cuales figura la pirámide cuadrangular. Lo más sorprendente es que las placas fotográficas en las que se plasman dichas imágenes, no reflejan una estructura piramidal defectuosa o irregular, sino muy bien perfilada y exacta. Podría decirse que es la mismísima Gran Pirámide la protagonista de la foto, vista desde las alturas.

La ciencia no suele creer en las casualidades por lo que la afirmación de que los alienígenas colaboraron para levantar las pirámides se vuelve más sólida. Se ha incidido mucho en el tema del número de trabajadores que hicieron falta para erigir algo tan descomunal, por lo que se ha sugerido el uso de miles de esclavos, sin embargo, en las inmediaciones de las pirámides no se ha descubierto ni un solo vestigio de asentamientos formados por personas en estado de esclavitud, y por el tamaño de los contingentes que se requirieron no hay en ello lógica alguna. Como tampoco parece razonable que se hayan valido de martillo y cincel (herramientas humildes con las que contaban) para construir algo de tal magnificencia. Además, los cálculos de datación de las pirámides no concuerdan con el tiempo estimado que se cree, requirió el construirlas: un promedio de 17 años para cada una, mientras que la época de su origen nos dice que se invirtió más tiempo, lo cual no coincide con los años de vida de cada faraón que en teoría, las ordenó edificar como su sitio de descanso eterno.

Eso no es todo. Retomemos el tema de la escritura pero desde otra perspectiva. Digamos por ejemplo, que los jeroglíficos egipcios no sólo constituyeron un sistema completo y eficiente para comunicarse, sino que también dejar constancia a la posteridad de su grandeza. Pero al analizar en forma meticulosa esos signos de escritura se aprecian cosas extrañas. Son frecuentes las representaciones que sin lugar a dudas reflejan naves espaciales, seres con anatomía no humana así como utensilios que no son de naturaleza egipcia. Dada la seriedad y circunspección con que los egipcios trataban todos los aspectos de su vida, es muy improbable que tales símbolos y trazos sean fortuitos o meras ocurrencias momentáneas.

Si no son una prueba contundente y un registro confiable de la presencia alienígena en el Antiguo Egipto, tampoco puede decirse que sean creaciones fruto de la imaginación más delirante o inofensivas travesuras de los escribas. Para los egipcios la escritura era algo sagrado y era inadmisible jugar con ella.

El porvenir de Marte

La ciencia no deja de preguntarse cuál es el futuro más probable para el planeta rojo. Si hubo vida en el pasado, ¿es posible que resurja? La sola interrogante provoca una gran tendencia a elucubrar y concebir los escenarios más extravagantes.

Los científicos más conservadores piensan que es una locura. Pero si aún existen seres microscópicos o materia orgánica, la reanudación de formas más complejas de vida es posible.

De nuevo parece que nos olvidamos de la propia evolución de nuestro planeta. Tanto si llegó la vida procedente de otro rincón del universo (Marte incluido), o se gestó de manera autónoma en nuestro ambiente; hay que tomar en cuenta cómo ocurrieron las cosas. Los organismos unicelulares se unieron para formar células plurales, éstas se transfiguraron a lo largo de millones de años hasta formar a los primeros peces. A su vez los peces se transformaron de modo paulatino en anfibios, los cuales dieron lugar a reptiles, mamíferos y aves.

Lo mismo puede suceder en Marte, otra vez sin duda, si es que ya ocurrió en el pasado. El paso de branquias a pulmones es muy lento, pero tiene lugar si las criaturas se ven impelidas a desarrollar semejante evolución. Es equiparable a la necesidad que tuvieron los primates de caminar erguidos, para atisbar a sus posibles depredadores, huir del peligro y tener una visión más adecuada para la búsqueda de comida.

A todo esto debemos agregar la inquietud de la ciencia por apresurar un poco las cosas, o por decirlo de una manera coloquial, por “echarle una manita” al progreso y la transformación; mediante el establecimiento de colonias en Marte pobladas por ciudadanos de la Tierra.

De toda la comitiva planetaria del sol, Marte es el que se perfila como mejor candidato para convertirse en suplente de la Tierra. Por lo menos guarda ciertas analogías con nuestro planeta en cuanto a condiciones adecuadas para albergar vida.

Podría considerarse la posibilidad de emprender de manera conjunta, el traslado de vida terrestre hacia Marte para diseminar nuestra semilla fértil y, al mismo tiempo, el esfuerzo por restablecer la precaria presencia de microorganismos nativos en el ámbito marciano.

En el decepcionante ─y acaso remoto─ caso de que no haya vida en Marte en la actualidad, sería muy significativo y aleccionador saber si alguna vez la hubo. Es por esa razón que los investigadores insisten en la caza de bacterias y fósiles aunque sean minúsculos.

¿Por qué es importante? Por la sencilla razón de que si llega a confirmarse con bombos y platillos que ha habido o hay materia orgánica en Marte, ello constituiría un argumento relevante para aseverar que también es posible en otros rincones del firmamento. No se trata de decretar, como hacen muchos, que todo el universo está rebosante de vida, pero ya sería una evidencia de que es posible coexistir, entre tanto espacio, con otros seres vivos.

Así como la existencia en Marte de condiciones habitables (según las exigencias de los hombres de ciencia) no es un indicador seguro de que haya vida hoy en día, tampoco la ausencia de dichos requisitos se traduce en un orbe necesariamente muerto.

Se conserva de manera pertinaz, la expectativa favorable de que bajo la superficie del planeta rojo se esté desplegando cierto tipo de vida. Tal circunstancia es más que suficiente para seguir explorando a nuestro escarlata y carismático vecino: Marte.

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